Taturcia hay que preparar todo, me decía Nuné. Buscábamos nuestra caja con las herramientas necesarias, pinturas, pinceles, hilo y un trapito.Una vez preparado nuestro material, salíamos al jardín, nos tirábamos de panza en el suelo cerca de la barda, platicábamos susurrando, no debíamos alertar a nuestra presa.
Como buenos cazadores, la mirada fija, atentos a cualquier movimiento, sabíamos que al verla debíamos actuar con gran rapidez. Había tardes que pasabamos horas enteras y nuestra presa no aparecía o bien veíamos a las que ya eran nuestras.
A veces la cacería era muy buena, cazabamos varias y les poníamos nuestra marca. Al verla salir Nuné con una agilidad propia de un excelente cazador, atrapaba a la lagartija!!!! le veíamos la panza, si ya la tenía pintada, era nuestra, si no le amarrabamos el hilo a una pata, para que no escapara, sacábamos la pintura y esto era a dar pinceladas. Si no estaba muy inquieta esperábamos a que secara un poco, si no la teníamos que soltar.
Las pobres corrían despaboridas por la barda a esconderse en cualquier rendijita, y nosotros anotábamos cuántas ibamos cazando.
Cada día mejoraba nuestra técnica, y fuimos descubriendo que cada tarde eran más las lagartijas con la panza pintada.
Así que tuvimos que buscar una nueva actividad a realizar, sintiéndonos muy satisfechos de que la cacería de lagartijas había sido todo un éxito.







