sábado, 30 de octubre de 2010

El cenador.

Nuestro cenador era con las maderas formando rombos con dos accesos de entrada, en medio una mesa de madera, la base era un tronco y alrederor bancas hechas de material, el piso de cemento pulido, teníamos que subir tres o cuatro escalones, ya no recuerdo bien.
Ahí mi Abue en las tardes se iba a bordar con sus hijas, leían poesía cuando eran solteras.
Nosotras, Martus y yo, nos íbamos a jugar con las muñecas, a las comiditas.
Doña Jo, la señora que ayudaba, nos llevaba nuestros taquitos o pan con mantequilla que le quedaba riquísimo.
Platicábamos, Mayito y Nuné nos contaban sus aventuras de scouts y algunas veces asaban papas enterradas en la tierra.
Y no faltaban las travesuras, en una ocasión no llevamos el bote en donde tenía mi Abue los tamarindos, estuvimos come que come, nos hemos dado una escaldada de lengua que no queríamos ni hablar.
Todo era tan mágico, los recuerdos son muy hermosos, cierro los ojos y vuelvo a ver esa casa en donde fui tan feliz, donde mi infancia estuvo llena de risas, de juegos, de travesuras pero sobre todo llena de amor.

No hay comentarios: