
No todo era juego, mi Abue como buena maestra, no quería que se nos olvidaran las cosas, que perdiéramos práctica en la agilidad mental o que al regreso a clases no recordáramos las tablas.
Así que después de desayunar o después de comer debíamos trabajar un rato.
Si algo no entendíamos, ella nos lo explicaba, era tan linda, lo hacía todo con tanta dulzura, que hasta la estudiada nos sabía sabrosa.
Cuando terminábamos podíamos ir a jugar al jardín o al cenador, era un kiosco que había en el jardín. De él luego hablaré.

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